(Viene de "Como un tornado")

Mientras conducía hacia la casa de Dori, ésta me dijo: “Te voy a hacer una pregunta muy importante, Alberto, y quiero que me la contestes sinceramente.” Noté un extraño cambio en el estilo de su lenguaje y en su timbre de voz.
- "Dime, Dori"

- "¿Te gusto como mujer?"

- "Le gustas a todo el mundo, Dori, pero eres una niña"

- “Te pregunto que si te gusto lo suficiente como para casarte conmigo. Porque me has dicho que vamos a preguntarle a mi padre que le parece, ¿o era un engaño?”

- "Claro que me gustas, Dori, ya lo sabes, pero tu padre no lo va a permitir."
- "Si lo hiciera, ¿te casarías conmigo?"

Aquel día había sido muy intenso. Había tenido una mañana complicada, luego la comida con Laly y, después, la irrupción de la chica. Todavía no me lo explico, pero dije que sí.

- "Para el coche. ¿Lo prometes?"

- “Si, Dori, lo prometo, no hace falta que nos detengamos.”

Llegamos a su casa y nos recibió su padre. “He traído a tu hija, que vino a mi oficina y quiere contarte algo.”
- “Pasa ¿quieres un whisky?”

- “Si, por favor.” Tenía la boca seca. Una sensación rara me empezaba a embargar.

Dori nos dijo que esperáramos unos minutos, que regresaría enseguida. Estuvimos charlando un poco de las ideas que se les metían a los niños en la cabeza, pero no quise adelantar nada. Dori era la que iba a hablar. Supuse que contaría la historia como lo había hecho conmigo, y esperaba ver la cara que ponía su padre con lo de los vídeos.

Unos diez minutos después regresó la chica, pero transformada. Parecía mucho mayor. Se había puesto un vestido, unos zapatos de medio tacón, se había recogido un poco el pelo y pintado discretamente. Nos quedamos asombrados tanto su padre como yo. Nos miró y empezó a hablar.

- Todos me tenéis como una niña pero en realidad soy una mujer que sabe lo que quiere desde hace tiempo. A través de vuestras conversaciones he ido siguiendo la vida de Alberto, alguien muy criticado por vosotros porque ha vulnerado muchas reglas sociales, o por lo menos las ha vulnerado públicamente. Tiene dos hijas, lo que hace que muchas mujeres se lo pensaran antes de unirse a él, y un pasado muy notorio, que también da inseguridad a quienes no tienen fuerza de espíritu. Carla, por ejemplo, no tuvo valor para seguir adelante después de conocer sus circunstancias. Y, sobre todo, está su situación con Daisy y Jane, que ni el mismo sabe en qué punto se encuentra. Pero Alberto es un alma atormentada que ha estado buscando permanentemente el amor, sin encontrar un lugar seguro donde recalar.
- "Necesita una mujer fuerte como yo, que estabilice su vida y que no se preocupe de a quien amó o de a quien ama en estos momentos. Alguien que lo quiera como es, con sus defectos y con sus virtudes, con su presente y con su pasado. Alguien incondicional y definitivo. Sé perfectamente que si nos casamos me será fiel mientras estemos juntos."

Su padre fue a decir algo, pero ella lo paró con un gesto.

- "Yo quiero a Alberto y él me ha prometido que si tú y mamá no os oponéis, se casará conmigo. Necesitamos eso y una dispensa judicial. Y me vais a dar vuestra autorización, porque no tenéis fuerza moral para negaros. Sé que me lleva muchos años pero es una persona honesta y tengo confianza en él. Yo seguiré con mis estudios, con mi carrera y me abriré un futuro. Los hijos los aporta Alberto, así que no tendremos ninguno. Yo quiero mucho a las niñas, llevo años haciendo de canguro con ellas. Y me he identificado mucho con sus madres, que también me quieren.

Entonces hizo una pausa y pareció dudar, pero se armó de valor y siguió.
- "Aunque lo más importante es que no deseo en modo alguno vivir una vida como la vuestra ni como la de vuestros amigos, tú acostándote con tus secretarias y mamá… bueno, ya sabes que no está precisamente con los abuelos, como me habéis dicho. ¿Es eso lo que queréis para mí?"

Al ver que no reaccionábamos, siguió.

- "Tú, papá, eres una persona razonable. Tienes que convencer a mamá. Si no accedéis a lo que os pido, sé que no podré ir con Alberto, pero seréis responsables de mi infelicidad. Porque jamás os perdonaré vuestra oposición y seréis culpables de lo que yo pueda hacer con mi vida en el futuro."

Se dio media vuelta y se marchó escaleras arriba, recogiéndose el pelo, que se le había soltado.

Nos quedamos en silencio.

- "¿Tu sabías esto?", me preguntó Luis, temblando.

- “Me había contado las cosas de otra manera, en plan infantil, por lo que no le hice mucho caso. Incluso me habló de que había visto la pornografía que tienes en el ordenador, a la que ella se refirió como videos educativos sexuales o algo así, no recuerdo… Tiene tu clave...”
Se echó las manos a la cabeza.

- "¿Tú has prometido casarte con ella?"

- "Le dije que si vosotros lo autorizabais lo haría."

- "Pero pensando que no tendrías que hacerlo. ¿no?"

- "Lo bueno y lo malo de las promesas, Luis, es que se hagan como se hagan no se pueden romper. Yo no me voy a volver atrás. Así que ya me diréis algo. Mientras tanto, no veré a Dori. La pelota está en vuestro tejado, no en el mío."

- "¿Pero tú quieres a mi hija?"

- "Mira, Luis, eso es algo que nunca me planteé, porque nunca pensé en que esa posibilidad se presentara. Pero querer a tu hija no es difícil. Y después de lo que acabo de presenciar, mucho menos. Me ha tendido una trampa con sus simuladas técnicas infantiles, pero eso demuestra que es una mujer decidida que no se para ante nada. Ya me lo advertiste tú. Y como te digo, yo no me voy a volver atrás ante una promesa. Jamás lo he hecho. Y con respecto a lo que acaba de decir tu hija sobre la vida que lleváis, no quiero darte mi opinión, pero le está haciendo más daño que si estuvierais divorciados. Es posible que haya visto en mí la posibilidad de huir de este mundo. Yo también lo haría si estuviera en su lugar."

La madre de Dori me llamó al día siguiente para que le dijera a su hija que el asunto no iba en serio. Le respondí que no lo haría y que estaba en la mano de ella impedir que siguiera adelante. Me colgó bastante furiosa.

La historia de mi vida acaba aquí, y la de este blog también. Aún sigo a la espera de una respuesta. Sé por Dori – que me telefoneó para comunicármelo - que se ha cursado la petición a un juzgado. Pero nada más. Y pase lo que pase, tampoco lo voy a contar ya. Porque a partir de ahora se abrirá, en cualquier caso, una nueva etapa de mi vida cuyos detalles sólo los conocerán quienes formen parte de ella.