LOS ÚLTIMOS TIEMPOS

Por lo demás, todo seguía igual. Una noche, en una cena organizada por una institución de “ayuda a los necesitados”, y en una mesa redonda de diez personas, cierta dama que había bebido algo de más y cuya vida y milagros yo conocía bastante bien me dijo como una gracia:
- “Oye, Alberto, a ver cuando dejas a esas dos… chicas y te buscas una novia decente?"
- “¿Como tú de decente?” –respondí de inmediato.
Se hizo un silencio sepulcral. El marido se las quiso dar de macho y me dijo:
- “Te exijo que pidas excusas a mi esposa inmediatamente por lo que acabas de decir”
El tipo, al que yo había conocido en Madrid jugando al rugby, era bastante violento y con un gran historial de peleas públicas. Me la tenía jurada desde un partido en el que nos tocó enfrentarnos y en el que había estado todo el tiempo practicando juego sucio. Había lesionado a dos de nuestro equipo. Casi al final del mismo, el entrenador - aprovechando mi mayor peso y velocidad y que, en Namibia, un neozelandés ex-jugador de los All Blacks me había enseñado ciertas “técnicas” - me pidió que no le dejara irse sin una respuesta. En cuanto pude le hice un placaje "asesino", pero tan limpio y sincronizado que el árbitro no pitó nada. Salió en camilla del campo.
Ni le miré. Hasta ese momento yo no había dado ningún espectáculo en la ciudad y lo evitaría. Por eso quería contar con todo el factor sorpresa que pudiera, de tal manera que el asunto, de producirse, no durara más allá de tres o cuatro segundos y que, técnica y legalmente, se iniciara con una agresión por parte de él. Ignoré sus palabras y seguí fijando mis ojos profundamente en los de la mujer. Sin parpadear.
- “Vamos, Marga, dile a los presentes que eres tú la que me vas a pedir disculpas por lo que has dicho.”
Ella estaba pálida. “Perdóname, Alberto, no quise molestarte”
- “Acepto tus disculpas, y vosotros aceptad las mías, porque me marcho. Acabo de recordar que no es este el lugar en donde debía estar en este momento.”
Vi que el tipo se levantó para seguirme y vi también como varios amigos lo sentaban de nuevo en la mesa. No tuvieron que hacer demasiado esfuerzo.
A partir de entonces había reducido el círculo de “amistades”. Quedaron como media docena, entre los que estaban los padres de Dori. Poco después me habilité una vivienda en el mismo lugar en que tengo la empresa, y casi siempre me quedaba a dormir aquí. Notaba que la burbuja de las Janes y de las Daisys se estaba cerrando y yo me estaba quedando fuera. Me hice un lobo solitario.
Fue entonces cuando establecimos un acuerdo con una inmobiliaria inglesa para la que trabajaba Carla. Acudimos a una exposición en Londres y otra en Berlín, a donde fue Carla con su marido. Se detectaron los capitales procedentes de países del Este y decidimos adelantarnos y empezar a abrir mercado en ellos. Se programaron una serie de viajes, el primero de los cuales fue Sofía, en donde se iban a concentrar inversores de varios países que no querían ser contactados en sus lugares de origen.
El resto está en el blog. De mi vida presente llegué hasta el momento en que convencí a Dori para llevarla a casa de sus padres. Está en “COMO UN TORNADO” (28 de julio). Regresaré de nuevo a ella justo en esa fecha, la última de mi vida que pienso contar.

Dafne dijo
no, no haber explicame que pasa, ya habia escuchado los rumores,, pero es que no logro entenderlo bien porque?
No necesariamente tienes que seguir con la historia, con estar presente te lo agradeceria, he tenido cierto contacto contigo, con tus letras y me vas a dejar asi?
25 Agosto 2005 | 12:15 AM