LA MALDICIÓN DEL CLÍTORIS
Los mecanismos que propiciaban la evolución de las especies se basaban en el principio de la supervivencia de los más aptos, en función del entorno en que se encontraban. Los machos más fuertes tenían más posibilidades de enviar sus genes al futuro, así como las hembras más prolíficas. Hace millones de años, éstas eran las más receptivas de entre aquellas que no tenían otros problemas orgánicos, es decir, las estructuralmente preparadas que recibían más esperma por unidad de tiempo. Y las más receptivas eran las menos saciadas, aquellas cuyo deseo sexual se continuaba por más tiempo después del coito, permitiendo el acceso de varios machos. Estos defendían la primacía de sus células embrionarias de una manera noble, es decir, luchando con sus competidores. Pero la necesidad busca resquicios, y se seguían enviando al futuro, de forma imparable, genes de hembras insatisfechas.
Con la llegada del “homo sapiens”, esos genes se recibieron intactos.
Podemos decir que sin preliminares, sin caricias, sin tocamientos, sin preparación previa, prácticamente todas las mujeres necesitan más tiempo que el hombre para llegar al orgasmo. Son los cromosomas recibidos del pasado. Al percibirse ese fenómeno, comenzó otra lucha menos noble. La que desarrollaron las religiones y las supersticiones.
Se empezaron a practicar las amputaciones de clítoris, tanto morales como reales. Las religiones menos cruentas – en este tema, que no en otros - extirpaban y extirpan los clítoris con la reprobación social y las penas del infierno. Las más primitivas, con la ablación del órgano con rudimentarios e infectados instrumentos o con su arrancamiento con un alambre o alfiler, prácticas que desembocan frecuentemente en la muerte. No obstante, he de decir que hay cantidad de miembros de organizaciones religiosas occidentales que están luchando en África contra esas prácticas y poniendo – con ello - en riesgo su libertad y hasta su vida.
Jane es médico y había dejado de ejercer para unirse a un programa contra estas prácticas en África. Me contaba casos espeluznantes y su lucha era casi sin esperanza. Existía apoyo oficial, pero muchos de los responsables gubernamentales que tenían que colaborar con ella creían firmemente que una mujer con clítoris era una firme candidata a convertirse en una puta. Daisy y Ronja se habían librado gracias a una cooperación sueca que había en su región cuando ellas nacieron. Pero su salvación había sido su condena, porque no eran socialmente aceptables por tener clítoris y por no estar infibuladas.
Esta es otra perversión surgida probablemente con posterioridad, pero cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos. Algunos dicen que está inspirada en algunos versículos del Corán, pero eso sólo debió de ser la oficialización de la costumbre y su respaldo moral. Se remonta a miles de años y consiste en coser los labios mayores y menores de la mujer con fibras vegetales en origen, para pasar a hacerse después con los más diversos materiales, entre los más usuales, el hilo de pescar. Se han detectado casos de haberse hecho con alambre. El objetivo es procurar mayor placer al hombre, que se encuentra una vagina con la entrada muy estrecha. Pero esa operación desarrolla en las mujeres una característica forma de caminar, con pasos muy cortos y rodillas muy juntas. Y así han de recorrer kilómetros llevando agua u otros productos. Precisamente esa manera de andar resulta atractiva para el hombre, con lo que la mujer acaba exagerando esos movimientos.
Cuando Jane se excedió en su lucha contra esas prácticas y consiguió que se realizara un programa denuncia de la BBC, estuvieron a punto de matarla en un atentado. Además, como consecuencia de la impotencia que sentía, sufrió una grave crisis de nervios. Fue entonces cuando un familiar que tenía en una Embajada se la llevó allí como intérprete, en espera de convencerla de que regresara a Europa.
Yo detesto a Sigmung Freud, que puede considerarse el científico que más ha retrasado la comprensión de una vida sexual sana y placentera. Para él, las mujeres que tenían orgasmos por estimulación del clítoris se encontraban en una fase infantil y debían evolucionar al orgasmo más “adulto” o “maduro”, el orgasmo vaginal. El que haya espasmos en ese lugar no indica que falte la participación del clítoris, aunque sea indirecta. Y también la mera estimulación del clítoris produce esas mismas contracciones. Su teoría, sacralizada hasta hace muy poco, ha acomplejado a infinidad de mujeres y hecho infelices a millones de parejas.
Si Freud hubiese tenido más experiencias personales con mujeres se habría dado cuenta de que el clítoris es el órgano omnipresente en todo orgasmo, aunque la mujer no lo sepa, ya que en los raros casos en que se produce sin su estimulación directa, la hay indirecta por la elasticidad de la zona en la que está situado, como he dicho antes.
Lo que varía de una a otra es la forma en que esa estimulación se produce. En ello tienen una gran influencia las primeras experiencias. Por ejemplo, la chica que se ha estimulado con la mano desde pequeña (puede comenzar antes de la pubertad), aceptará bien que se lo haga otra persona que sepa, también con la mano o con la lengua, aunque esto último produce las primeras veces pudor, cosquillas y vergüenza. Por eso hay una tarea previa consistente en hacer desaparecer tabúes y prejuicios. Otras, en cambio, que han utilizado la presión de – por ejemplo – el pasamanos de una escalera o los bordes redondeados de una cama, se colocará encima y se apretará contra ti buscando en tu pelvis esa presión, lo que sólo puede lograr cómodamente cuando tu ya has terminado y resultas más “tierno” dentro de ella. Hubo una - ¡que trabajo me costó que me lo contara! – que necesitaba el pico de una mesa mientras accedía a su vagina desde atrás. A veces, el pico también me rozaba a mí, por lo que tuve que aprender a evitarlo. Ella lo descubrió, por casualidad, a los siete años, al pegarse contra un pupitre. Desde entonces, lo practicaba cada día.
He conocido muchos casos de mujeres que pensaban que no podían llegar al orgasmo, lo que las llegaba a convertir en auténticas ninfómanas jamás satisfechas, o en personas retraídas. Pero eran simples disfunciones por ignorancia o exceso de educación religiosa. Nunca he conocido a una persona auténticamente frígida. A lo mejor es porque no ha habido posibilidades de que ese encuentro se haya producido. El no tener orgasmos no significa no tener deseo. Pero si éste falta, no se producirá ninguna opción al acercamiento. Una vez creí haber detectado a una, pero comprobé que me había equivocado.
Todo esto viene a cuento del episodio de la anorgasmia. Aún resulta demasiado frecuente.

Head dijo
This one is impossible to understand!
24 Agosto 2005 | 07:49 AM