LA INSEMINACIÓN DE DAISY

- "No se preocupe, señor. Les daré una habitación en donde nadie les oirá “roncar”."
Puso especial énfasis en esta palabra y – a través del teléfono – noté su sonrisa silenciosa.
Llegamos a media mañana. Jane y Daisy estaban un poco nerviosas. Yo llevaba desde dos semanas antes sin "ver" a una mujer y tomando diariamente una serie de pastillas extrañas que me daba Jane en cada comida. Decía que eran vitaminas. Estaba muy excitable, tenía erecciones constantes y ya no podía aguantar más. En la misma Recepción del Parador tuve una mientras nos atendía una bonita señorita.
Daisy ya estaba en sus días fértiles.
"¿Damos un paseo por los alrededores?" – preguntó Jane.
- "Lo primero es el trabajo. Las obligaciones. Haremos las primeras tomas inmediatamente. Después comeremos y seguiremos rodando." – respondí.
Con el trajín de las maletas, estaba un poco sudado y, nada más acomodarnos en la habitación, me fui a duchar. Pero lo pensé mejor, me fui hacia Daisy y la empecé a desnudar.
- “Ya puedes empezar a filmar", le dije a Jane.
Una vez desnudos los dos, nos metimos en la ducha juntos. Jane venía detrás con la cámara.
“Una advertencia" – le dije a Jane – "pase lo que pase, no interrumpas o conocerás lo que es la furia de los dioses”
En la ducha enjaboné a Daisy muy suavemente. Pasaba mi mano una y otra vez por todo su cuerpo, que ya había sido mío una vez sin saberlo. Ella se contenía al máximo y sólo podía ir conociendo sus sensaciones a través de sus ojos, que yo no dejaba de mirar. Poco a poco se fue desmadejando. Jane tuvo que limpiar el objetivo de la cámara varias veces, porque se le llenaba de agua. Cuando lo consideré oportuno, sequé a la chica como pude y la llevé a la cama en brazos. Estaba como desmayada. Yo no quería entrar en ella demasiado pronto porque sabía que no podría aguantar mucho. Así que seguí practicando toda suerte de caricias y besos por todas las partes de su cuerpo. Jane seguía rodando.
Hubo un momento en que tuvo que cambiar la cinta. Pero no dijo nada. Cuando comprobé que había conseguido – con sus temblorosas manos – meter una nueva, me dispuse a entrar en Daisy como sabía desde Swakopmund que a ella le gustaba. Porque había recordado – desde que supe la historia - que las segundas partes de aquellas noches eran algo diferentes de las primeras. En aquellos momentos casi siempre tenía que poner mi mano en su boca para que no gritara demasiado. Yo pensaba que los orgasmos posteriores de Ronja eran más fuertes que los primeros. Ahora conocía perfectamente las reacciones de Daisy y podía adivinar el momento justo en que se iban a producir. Al cabo de unos cinco minutos, al notar que estaba llegando, le dije al oído. “No te contengas, Daisy, grita todo lo que puedas, mi amor. Si no lo haces, no se oirá en la película”.
Lo que pasó después cogió por sorpresa a Jane, que pegó un salto y casi tira la cámara. Creyó que le estaba haciendo daño a Daisy, porque se levantó y se acercó corriendo. Entonces vio la cara de la chica y supo realmente que no era dolor lo que estaba sintiendo. Yo noté que un torrente desbocado salía de mí y entraba en ella. Era como si me estuviera partiendo en dos y todo mi ser se derramara en su interior. Casualmente, fue simultáneo. Ni preparado hubiera salido igual. Como Jane se puso de nuevo a rodar, besé a Daisy apasionadamente. Mi fuerte suspiro y mi sonriente mirada hicieron notar a Jane que todo había acabado. Entonces paró la cámara y se puso a llorar muy ostensiblemente.
- “No os preocupéis, es que me he emocionado mucho…”
Por la tarde la cosa discurrió con más normalidad. Jane consideró que ya tenía suficiente “material” y guardó la cámara. La convencí de que si quería que fuese realmente también hijo suyo debía participar en el acto de amor. Me había dado mucha pena por la mañana, y mi “sed de venganza” se había apagado. La desvestí con cariño y la metí en la cama con nosotros. La besé en la boca y en el pecho varias veces y conseguimos varios orgasmos suyos, más con la participación de Daisy que mía. El domingo transcurrió de la misma forma y el lunes, después de almorzar, regresamos a casa. Por el camino hablamos de que había que seguir varios días más, a un ritmo más suave.

Rosaluz dijo
Todo muy fuerte empezando por el titulo
18 Agosto 2005 | 02:27 PM