
- “Pues llame al Director inmediatamente” – le espeté
- "El Director está en este momento muy ocupado."
- "Pues dígale que se desocupe con la celeridad del rayo, amigo, porque si no aquí va a haber un problema muy gordo. Y le va a estallar a Vd. en la cara, si no viene él."
Entró y a los cinco minutos salió.
- "Perdone, señor, ha habido un error… su reserva está en regla. Una triple,¿no?"-
- "Exactamente, “my friend”. Una triple."
- "Se la he dado de las laterales, son más tranquilas."
Hubo una rápida mirada de connivencia con una pareja que había sentada en el hall, tomando unos whiskies. Él, como de sesenta y cinco años y ella, de veintitantos . ¡Mala suerte esta vez! Yo los miré y él giró la cabeza para otro lado.
Subimos a la habitación y tras darle una buena propina al que nos acompañó con los bártulos, dejamos nuestros enseres personales sobre una mesita. Vi una cama inmensa y otra pequeñita, como de niños. Pero allí no hacía precisamente frío.
- "¿Queréis un refresco?" – dijeron que sí.
- "Yo me adelanto y voy pidiendo..." No quería perderme lo que pasaba con la pareja. Cuando bajé, todavía estaban allí, con parte de sus cosas.
Pedí unas bebidas, las chicas llegaron y vi a Jane exultante.
- "¡Esto es maravilloso! He abierto el balcón y la selva está al alcance de la mano. Árboles por todas partes."
- "¿Qué has hecho queeee?"
- “Abrir el balcón”
Me acorde de mis efectos personales. Le arranqué la llave de la mano y subí al piso de arriba como un correcaminos, saltando los escalones de seis en seis. La gente se apartaba asustada. Abrí la puerta.... muy despacio. Lo que me imaginaba. La habitación estaba llena de monos. Y uno de ellos tenía agarrada mi cartera de mano, donde estaban los pasaportes, los billetes, los visados, las “vacunas”, las tarjetas de crédito y unos cinco mil dólares, a punto de saltar por la ventana y perderse para siempre.
Me quedé paralizado por el terror. Quieto como una estatua. Nadie es más rápido que un mono. Estuve un minuto así, durante el cual desfilaron por mi mente todas las consecuencias que nos acarrearía esa pérdida. Un minuto que me pareció una hora. Finalmente se produjo el milagro… Daisy había comprado galletas, dulces y dátiles en el bar de Hwange y el mono consideró que ese botín era más interesante. Soltó la bolsa de piel, cogió la de plástico y se fue al árbol. No obstante, el peligro no había pasado todavía. Quedaban otros cinco o seis monos dentro… El crujir de las galletas en la boca del primero atrajo la atención de los demás… que fueron a disputarle la presa. El último, antes de saltar fuera, agarró una bolsa de Jane y se la llevó. Respiré y cerré el balcón. Cogí mi cartera.
Cuando bajé, el sudor corría por mi frente y empapaba mi camisa.
- "¿Qué ha pasado?" – preguntó Jane
- “Pues que han robado las galletas de Daisy y tus tampones, esos que tanto trabajo nos costó encontrar.”
No entendían nada.
- “Anda vamos a ver las cataratas antes de que se haga de noche”, les dije.
- “Por el camino os lo contaré”.

¡jo, que peligro, los monos!
Fucking monkeys!
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