Mi luna de miel en Hwange

Como no encontramos buena combinación para Dar es Salaam desde Windhoek, decidimos volar a Harare y ya que estábamos allí, subir en coche hasta las cataratas Victoria, pasando antes por el parque de Hwange. Esto último no nos interesaba mucho a ninguno de los tres, pero era sólo por comparar. Daisy, no obstante, lo encontró muy diferente a Etosha (especialmente por los elefantes, que en el primero son muy difíciles de ver) y por los alojamientos, más adaptados al medio ambiente. Jane y yo coincidimos en que era “la selva urbanizada”. Por lo demás, más de lo mismo, familias con cientos de niños cada una (o por lo menos así lo parecía por el ruido que armaban), parejitas en luna de miel, alguna en “bodas de plata” y, como número especial, nosotros. Pedimos una cabaña para los tres y después nos fuimos al restaurante al aire libre. Cerca de él hay una especie de estanque donde – por la noche - se acercan los animales a beber. Allí, en la mesa de al lado, detectamos a un matrimonio español que – ajenos a que yo también lo era – se pusieron a hablar de nosotros sin reparos.
- “La negrita debe ser la tata. Pero no se ven niños”
- “Tal y como se comportan no lo parece” respondió él.
Jane se dio cuenta de que hablaban de nosotros y me preguntó por lo bajito si eran españoles. “Si espérate, vamos a gastarles una broma”.
Entonces besé a Jane en los labios durante medio minuto, más o menos. En plan casto.
“Si, es un matrimonio”, dijo la española, "pero podrían dejar los besos para luego"
Luego me levanté y me puse junto a Daisy y la besé también. Pero Daisy abrió la boca y me metió la lengua. Era la primera vez que lo hacía.
“¡Que horror!, ¿que es eso?” – exclamó la española.
Jane también estaba tensa. “Vale, ya está bien de bromas”
Como mi compatriota había hablado ya excesivamente fuerte, consideré que era el momento oportuno de presentarme.
“Veo que son Vds. españoles. Yo también”
La mujer se quedó pálida.
“¿Hablan Vds. inglés?”
Dijeron que no con la cabeza. "¿afrikaans, alemán?" Siguieron diciendo que no.
- "Bueno, en español. Les presento a mi esposa Jane y a mi esposa Daisy."
- “¿Las dos?” Preguntó la señora haciendo un leve movimiento con su dedo índice, de izquierda a derecha.
- “Si. Estamos recién casados. Vamos de viaje de bodas…”
“Hay que ver las cosas que se ven por aquí…”, dijo la señora.
El hombre parecía muy divertido y además se había bebido tres cervezas. “Yo sólo he tenido una en veinticinco años”, dijo riendo.
- “Bueno, bueno, no sea modesto. Vd. es un hombre muy atractivo…” le dije.
- “Alguna cosilla, nada importante…” se le escapó. ¡Que peligrosa es la vanidad!
La esposa lo miró fijamente. “Luego me explicarás eso…”
El hombre estaba excitadísimo. “¿Puedo hacerles una foto, a los tres?”
- “Por supuesto, no faltaría más”
Nos hizo varias que luego mostraría en España, junto a los demás bichos.
- “Ahora falta lo más importante." – dije - "Le voy a hacer una foto yo a Vd. con mis esposas."
Le dije que se sentara, le puse una en cada rodilla, pedí a las chicas que le echaran el brazo por encima y que lo besaran en la mejilla. Daisy fue la más “afectiva”. Tomé varias fotos con su cámara.
- “Esto seguro que le va a gustar a sus amigos.”
El hombre estaba rojo como un tomate, y su pérfida mujer, verde de rabia e impotencia.
Pagamos y, antes de irnos, les dije: “Si luego desean visitarnos, estamos en la cabaña número siete. La puerta estará abierta. Aunque oigan ruido, pueden pasar sin llamar…"
- “Estamos muy cansados”, respondió ella.
- “Bueno, pues si su esposa no desea venir, le esperamos a Vd….” dije al marido.
Nos marchamos hacia la cabaña. Abracé a las chicas, una a cada lado. Ellas enlazaron sus brazos por detrás de mi cintura. Los españoles ni siquiera supieron que responder. El hombre se despidió con la mano.
- “Ahora nos explicarás todo lo que ha pasado, ¿no?” –dijo Jane.
- “Nada, que soy un poco cabrón”

Rosaluz dijo
Vaya faena que le hiciste al hombre. Fue divertido. Le habran borrado las fotos. Oye, no me has contestado a lo de ayer
12 Agosto 2005 | 07:11 PM