Swakopmund

“¡Jodido machista!, te voy a meter las balas que me quedan en la barriga” - me había contestado, sonriendo como sólo ella lo sabe hacer..
Durante aquellos tres días me dediqué con los prismáticos a identificar perros y a señalárselos a Jane. Me gustaba verla disparar, encima del caballo, cubierta con un sombrero tejano, una sudadera y unos shorts la mar de provocativos. Era delgada – y lo sigue siendo - tenía el pecho apenas señalado y una nariz respingona. Terminaba el atuendo con unas botas de cuero marrones. Al final tuvo que ponerse vaqueros, porque se le estaban haciendo erosiones en el interior de las piernas. Conseguí que me dejara darle crema. Creo que fue por entonces cuando me empecé a enamorar de ella, sentimiento que nunca le expresé.
Me miró y comenzó a hablar:
“Si es como lo cuentas… lo peor es que has perdido tu trabajo, que te mantenía medianamente entretenido y feliz."
Eso me hizo reparar en el de ellas.
- "¿Qué habéis dicho a vuestros jefes?"
- “Pues que teníamos un grave problema familiar, lo cual no deja de ser cierto. Tú eres de nuestra familia.“
Me emocioné. “Pues vosotras sois lo único que tengo en el mundo” Y era verdad.
- "Dime, ¿que hubieras hecho si te llega a encontrar Mr. Parker?"
- "La verdad es que no se atrevió a encontrarme. Lo hubiera tenido muy fácil…"
- "Entonces ¿por qué nos hemos ido de Windhoek?"
- "Eso lo dispusiste tú. Me apetecía estar unos días con vosotras."
- "Eres un cabrón. Ganas me dan de volver. Bueno, por lo menos sé que no nos persigue nadie"
- "Ya verás como lo pasamos muy bien"
A la caída de la tarde llegamos al borde del mar. Al ir bajando la meseta la temperatura se iba haciendo más suave, aunque el tiempo seguía fresco.
La casita que tenían alquilada era muy agradable y acogedora. Había un poco de polvo acumulado que ellas se encargaron de quitar.
- “Tú siéntate y tómate una cerveza mientras nosotras acabamos”
Como por el camino sólo habíamos tomado unos “snacks”, nos fuimos a cenar al Swakopmund Hotel. Luego pasamos al casino, donde Daisy se divirtió muchísimo y encima ganó algo en la ruleta. Ya nos íbamos para casa cuando vio la piscina que hay entre el edificio de la Recepción y el bloque de habitaciones. Como no habíamos traído trajes de baño, buscamos a una de las dependientas de la tienda, que hacía turno de noche en el “room service”, y con una buena propina nos solucionó el problema. Jane no quería bañarse, pero Daisy y yo lo hicimos. Casi no había luz. Nadábamos y buceábamos y una de las veces que jugábamos bajo el agua, di a la chica un beso de cariño. Me lo devolvió con ardor.
Nos vestimos y nos fuimos a pasear por la playa, que estaba desierta. Poco después nos sentamos en un banco que había en unos jardines adyacentes, frente al mar. Era una noche sin luna, muy despejada, prácticamente sin polución lumínica, como solía ser frecuente en Africa. Desde allí se distinguían claramente las cuatro estrellas de la Cruz del Sur. Al ser invierno, estaban más elevadas sobre el horizonte que las de la falsa cruz, con quien algunos la confunden.
- “Mi madre está en la estrella más alta - le dije a Daisy. "En la gamma-crux.”
La chica me miraba con los ojos muy abiertos. En aquel momento me sentía mal por lo de la piscina. No quería hacer nada que pudiera dañarlas.
- "Jane. Os quiero mucho a las dos. Antes, bajo el agua, di a Daisy un beso. Ahora quiero dártelo a ti."
Asintió. Acercamos nuestros labios y, con el beso, ella me expresó un gran afecto, pero no noté la receptividad que me había parecido detectar en Daisy.
Nos quedamos mucho rato así, en silencio. Yo hacía lo que me había enseñado mi madre: mirar dentro de mí. ¿Qué sentía yo por aquellas dos mujeres? Aliviado mi enamoramiento por Jane, que había entrado en una fase de conformismo ante lo imposible, ahora era una mezcla extraña de amor filial con otro de tipo paternal, pero todo ello envuelto en una fuerte, clara e indudable atracción sexual. Curiosamente no sentía celos de que ellas se quisieran. Es más, el sólo hecho de pensar que ese amor se pudiese acabar algún día me infundía terror. Porque las perdería a las dos. Ahora yo era aceptado en la pareja con tal fuerza que, exceptuando los temas de sexo, constituíamos un trío perfecto.
Mirando al cielo me sentía cerca de mi madre, a la que había querido con un sentimiento mucho más fuerte y dependiente de lo que suele ser normal. A la edad en que murió, yo era ajeno a cualquier tipo de instinto carnal. Ni siquiera me fijaba en chicas de mi edad porque, al no ir al colegio, estaba un poco aislado del mundo exterior. Siempre me he preguntado que sentiría si me encontrara yo ahora con mi madre, con la misma imagen, edad y apariencia física que tenía cuando se fue. ¿Qué reacción me produciría? Identifiqué, en la lejanía del tiempo, una sensación parecida a la que experimenté la noche en que me besó Dori. Entonces me sentí mal y en aquella ocasión el sentimiento fue parecido, quizás por haber detectado una leve sospecha incestuosa. Hasta ahora no me había acordado de ello.
Mi madre me tranquilizó desde la estrella. “Eso es algo imposible que ocurra en la realidad, Alberto. Los hijos van creciendo, las madres envejeciendo y al final, se suele buscar algo parecido, u opuesto, a lo que has tenido en ella, según te haya ido. Luego, lo que encuentras generalmente no coincide con lo que buscas. Pero cuando quieras a una mujer, sabrás que es amor porque la querrás de todos los modos y maneras que tu cuerpo y tu alma te permitan. Y entonces deberás cuidar de ese amor, procurando mantener permanentemente encendida la llama del deseo, de ese deseo que te impulse a ti a querer estar siempre con ella, y ella, a recibirte con pasión, abriendo su cuerpo para que tú entres en él con ternura.”
De pequeño no entendía muy bien esas palabras de mi madre. Ahora no me explicaba de donde había sacado tanta sabiduría y sensibilidad. Y valoraba mucho más que, teniendo tanto que dar, me lo hubiera dado todo a mí.
Tras despedirnos de la Cruz del Sur, regresamos a la casa. Yo llevaba a las dos chicas abrazadas y me sentía muy afortunado. Ellas pasaban la mano por mi cintura. Se habían descalzado para andar mejor por la arena. Hacía un poco de frío.
- “Mañana os llevaré a una excursión por la Costa. Vamos a descansar. Ha sido un día muy largo.”
Fue la primera vez que pensé regresar a España…los tres juntos.

rosaluz dijo
¿Por que has cambiado el Sobre mi?. Me gustaba. Hoy lo que más me ha gustado ha sido lo de las estrellas y lo de tu madre. De rifles no entiendo y creo que vas con demasiadas chicas.
26 Julio 2005 | 07:25 PM