Publicidad:
La Coctelera

El lado oscuro de las cosas

2 Julio 2005

Un viaje de dos días

A mediados de esta semana descubrí la coctelera, un lugar que me pareció estupendo para muchos propósitos, en especial para desahogarse y escribir aquello que uno no puede contar ni a sus amigos.

Acabo de regresar, hace una hora, de un viaje de trabajo a Sofía. A la ida, se me unió en el aeropuerto de Madrid una compañera que ya había participado en otros viajes, el último de ellos un año atrás, acompañada de su recién estrenado marido. Esta vez viajaba sola. Aprovechamos el vuelo para terminar de poner en común las notas y la forma en que íbamos a desarrollar las presentaciones, ultimar las estrategias de las reuniones y ponernos de acuerdo en los papeles que cada uno íbamos a representar. Evitamos en todo momento hablar de cuestiones personales y nos centramos en temas profesionales, sin dejar por ello de degustar un magnífico “Millésimé” y sentirnos muy cómodos el uno con el otro.

El trabajo discurrió a la perfección y el segundo día, ayer viernes, con los triunfos en la mano, le pregunté que le apetecía hacer, si ir a una cena programada pero no demasiado “obligatoria”, ya que algunos peces gordos se habían desmarcado, u organizarnos por nuestra cuenta. "Pues mira, me acaba de telefonear una amiga que pasó un verano conmigo en España, Vera, y tengo muchas ganas de verla, pero lo ideal es que hiciéramos un plan los tres” me dijo. "Por mi, encantado” - le respondí.

Cuando vi a Vera me quedé sin aliento. Era una chica espectacular, de portada, lo sabía y se había vestido especialmente para provocar. No obstante, una vez recuperado de la impresión decidí “pasar” del tema. Ya he tenido las suficientes experiencias de este tipo para saber que de estos asuntos siempre sales escaldado. Generalmente estas mujeres perfectas suelen pecar de amarse demasiado a ellas mismas y poco a los demás. Para eliminar posibilidades evité el más mínimo comentario o elogio hacia su persona y me centré en mi compañera, a quien empecé a mirar de forma amorosa cuando ella no se daba cuenta. Vera estaba desconcertada, nerviosa y empezó a perder un poco de su mucha confianza en sí misma. Entonces ocurrió algo curioso. Ese amor que yo intentaba poner en mi mirada hacia la española, lo empecé a sentir de verdad. No sé si era el vino, la música o el hechizo del restaurante, pero empezó a apoderarse de mí una gran pasión por mi compañera. Veía cosas nuevas en ella, sus jugosos labios, su sedoso pelo, sus pequeños y firmes senos, su ternura. Ella estaba a mi izquierda y Vera enfrente, por lo que nada pasaba desapercibido para esta última. Hasta que no pudo más y le dijo: “Veo que te has recuperado rápidamente de tu reciente separación”. La otra no entendía nada. Pero cuando supo a que se refería lo tomó a risa y le contestó: “Te confundes. Alberto y yo nos llevamos muy bien, pero profesionalmente, y ninguno de los dos nos vamos a arriesgar a destruir eso” Vera entonces me miró desafiante como diciendo “Ahora te vas a enterar”. A los postres, la búlgara dijo a mi compañera: “¿Te importa que pase la noche contigo? ¡Me hace tanta ilusión!”

Ya en el Hotel les pregunté si querían una copa en el bar. Vera rápidamente dijo. “Mira, aquí hay mucha chica búlgara que viene a buscar extranjeros con dinero. No quiero entrar ahí. ¿Tenéis minibar?” Fuimos a mi habitación. A eso de las dos, Vera dijo a su amiga “Olvidaba que roncas. Te propongo que te quedes en esta habitación y yo me vaya a la tuya, o… al revés”. Se hizo un silencio sepulcral. Durante unos segundos mi compañera y yo nos miramos de forma tan intensa que nos hacía daño. Una perla de sudor comenzó a dibujarse en su labio superior. Palideció. “Creo que no se siente bien” dije. Me senté junto a ella y le limpié la gotita con el dedo, rozando imperceptiblemente sus labios. Le tomé el pulso. Más de ciento veinte. Mientras mi pulgar percibía sus latidos y yo miraba el reloj, creo que durante unos dos minutos, acaricié levemente el dorso de su mano, cuyos vellos se erizaron. Las pulsaciones comenzaron a subir más y de repente Vera – que nos miraba muy atentamente - se levantó y cogió la llave. “Chao, chicos, sed buenos”. Pero mi compañera reaccionó rápidamente y arrebatándole la tarjeta le dijo con aire enfadado: “Vera, haz lo que quieras pero yo necesito estar sola esta noche”. Y se marchó.

“¿Quieres que me vaya yo también?” me preguntó al cerrarse la puerta. “Mira, tendría que acompañarte a tu casa. Mejor que te quedes”. – respondí. Me acercó su cara hasta hacerme sentir su cálido aliento. “Vale, pero no voy a ser tu premio de consolación”. Estaba tan próxima que no me costó trabajo sujetarla por la nuca y besarla violentamente. Abrió la boca y segundos después clavó sus dientes en mi lengua. Con rabia. Casi diría con odio. Percibí el sabor de la sangre. Pero estaba demasiado excitado como para notar dolor. Se fue relajando y sin separar su boca de la mía me fue quitando la ropa.

Durante más de cuatro horas estuvo dejando constancia de que no se había marchado. Quería que su amiga la oyera, y quería que no tuviera dudas sobre lo que estaba pasando. Toda la cama quedo manchada de sangre. Como su cuerpo entero. Al amanecer, se fue a duchar. Después fui yo. Pero cuando salí del cuarto de baño había desaparecido. Sólo había una nota encima de la mesita de noche. “Ha sido sensacional. Pero no has hecho el amor conmigo. Todo el tiempo has estado con…..“ (y mencionaba el nombre de su amiga). “Por cierto, no ronca. Despídeme de ella”
Salimos hacia el aeropuerto casi sin hablar. Facturamos. Me dijo que le dolía mucho la cabeza. No había dormido nada. Al rato de despegar el avión, me preguntó: “Sólo por curiosidad, ¿Cómo pudo durar tanto?” Entonces me acordé del papel. Se lo entregué. “Vera es muy inteligente” - le dije – “no se le escapa nada”.

Mi compañera arrugó la nota, tras leerla, y cerró los ojos. Giró la cabeza hacia la ventanilla, pero pude observar como una lágrima rodaba por su mejilla. Media hora después estaba profundamente dormida. Durante todo el trayecto la estuve mirando. Puedo decir que es la mujer que más intensamente he deseado en mi vida.

servido por Alberto 2 comentarios compártelo

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Carla

Carla dijo

Te he llamado y tienes el mvil apagado. Y tampoco me dijiste donde ibas a dormir el sbado. Nada ms llegar a casa, me ha faltado tu presencia, como el aire que respiro. El viernes por la noche cre morir, y hoy me asfixio. Tambin yo quiero que t conozcas mi lado oculto. Y necesito perdonarme a mi misma, porque me considero la ms estpida de las criaturas. Como me habas hablado de esta pgina en el vuelo de ida, saba que volveras a escribir en ella. Me ha costado un poco encontrarte.

Estoy enamorada de ti desde hace aos. Desde antes de casarme. Primero fue admiracin profesional. Despus, locura. Y durante el viaje anterior, a pesar de estar con mi marido, se me volaba el corazn cada vez que te acercabas a m. Tus actuaciones profesionales, magistrales, alimentaban mis fantasas sexuales, en las que siempre estabas t. Pero ya sabes que soy muy absorbente y si hubiera podido conseguirte para m sola, hubiera ido a por ti.

El viernes no quise ser una ms en tu larga lista. Siempre he soado que me conquistabas, pero que era un proceso romntico al final del cual se produca la entrega perfecta. En un momento pens quedarme y pedirte que te limitaras a hablar conmigo. Pero cuando me tomaste de la mano, y pasaste tu dedo por mis labios, supe que no podra evitar caer en tus brazos. Pero mi idea de nuestra aproximacin siempre haba sido muy distinta. Y si esa noche la pasbamos juntos, a la maana siguiente me pediras disculpas y te volveras a tu vida. Y eso no hubiera podido soportarlo.

Ya sabes mi verdad. Ya no volver a viajar ms contigo, al menos de una forma profesional. Lo de ayer fue un proceso irreversible que no tiene marcha atrs. Y menos despus de lo que ambos hemos escrito.

Gracias por preservar mi nombre. Pero no me importa decirlo. Los que nos conocen sabrn que soy Carla.

4 Julio 2005 | 01:48 AM

dalia

dalia dijo

pos bienvenido

6 Julio 2005 | 02:50 PM

Escribe tu comentario


Sobre mí

Avatar de Alberto

El lado oscuro de las cosas

Marbella, España
ver perfil »
contacto »
Creo que a estas alturas, si hay alguien interesado en saber como soy, ya hay material suficiente para que lo averigüe. (No es que considere que esto tenga algún valor, pero como forma parte de mi vida y he visto que algunas partes se han empezado a reproducir en algún otro sitio, lo que ya se ha solucionado, quiero indicar que los textos, no las imágenes, están inscritos en el Registro de la Propiedad Intelectual.)

Fotos

Alberto Roycor todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera